jueves, 19 de abril de 2012

El arte por el arte

No sabemos si de forma involuntaria, pero Carmen Morraya se convirtió en una referencia para Franciso Estela, pintor español que se había trasladado a Parín huyendo de la dictadura franquista, en sus escritos sobre la independencia del arte. 'El arte por el arte' era la frase que se repetía a menudo en el París de la época.

Uno de los productores de Carmen Morraya le insistía en que se elaborará algún tipo de octavilla o folleto para explicar al público su espectáculo, lo que a Carmen le parecía fuera de lugar.   Le insistía indicando que se encontraba en Francia, con un público que hablaba otro idioma y lejos de su Andalucía natal. Por lo que le parecía conveniente esa octavilla de explicación.

Carmen respondió con una de sus sonadas frases:

Si el público necesita entender lo que hago que vaya a verme al retrete. Seguro que sin mediar palabras y hablen el idioma que hablen, lo van a entender.

Finalmente Carmen se vió obligada a ceder y se elaboró una octavilla 'explicando el espectáculo' como ella repetía con cierto tono irónico.  

La casualidad hizo que Francisco Estela fuera amante de la una de las compañeras de baile de Carmen, por lo que asistió en más de una ocasión al espectáculo. Leyó la octavilla y la olvidó, o por lo menos en parte.

Pero tres meses después Francisco Estela asistía a una exposición de pintura y al leer el programa se encontró con un texto similar, en concreto una frase le llamó la atención:

El artista expresa su sentimiento en un lenguaje universal que resulta a la vez fácil pero sugerente para el público.

Sí, sonaba a frase hecha.  ¿La habría copiado Carmen? La curiosidad le picaba y buscó aquella octavilla entre sus papeles.  Cuando la encontró no reconoció el texto, así que pensó que se había equivocado.   Lo habría confundido con otra lectura y estuvo buscando entre sus papeles para ver si daba con el motivo de su confusión.

Encontró otra octavilla del espectáculo de Carmen (no en vano, gracias a su amante lo había presenciado en varias ocasiones) Y aquí surgió la sorpresa.  La segunda octavilla tenía un texto distinto y esta vez no había duda. Era el prólogo a un libro sobre Picasso que reconoció claramente.  Aparecio la tercera octavilla y esa sí era la que recordaba.  Justo, era el programa de la exposición que acababa de ver. 

Al final, Francisco Estela averiguó lo ocurrido.

Carmen Morraya había puesto como 'explicación de su espectáculo' un texto sobre Picasso.  Cuando se acabó, dio para imprimir otro texto distinto, y así hasta en seis ocasiones.   Estuvo durante meses representando su espectáculo con programas que contenían textos de otras obras de arte.  A veces, los mezclaba y en un mismo espectáculo los espectadores tenían en sus manos textos distintos.

Una de las veces el texto era parte del curso de idiomas que había comprado aprender inglés.  Era el Método Assimil.  Cuando alguien le preguntó que qué era aquello, dijo que era la 'explicación de su espectáculo' (con su tono sarcástico). El productor algo indignado le dijo que era absurdo y ella respondió que estaba representando un baile del absurdo.  El futuro me verá como la inventora del baile del absurdo.

jueves, 5 de abril de 2012

Carmen Morraya y los mandamientos de la bailora

El 9 de diciembre de 1951 Vicente Escudero presentó su Decálogo del baile flamenco.  Fue en el Trascacho, un local de Barcelona.

El Decálogo del baile flamenco o como también es llamado 'Los diez mandamientos del baile masculino flamenco puro' son diez normas que Vicente Escudero estima de obligado cumplimiento para que un baile pueda ser llamado puro.

Son normas, como bien digo, de obligado cumplimiento, sin que este aspecto admita discusión. Vicente Escudero no parece dejar mucho lugar a posibles innovaciones. Un intento claro de distinguir el flamenco flamenco, de otros flamencos menos flamencos con alguien diría.  Se abrió la defensa del purismo.

El decálogo era el siguiente:

I.    Bailar en hombre.
II.   Sobriedad.
III.  Girar la muñeca de dentro a fuera, con los dedos  juntos
IV.   Las caderas quietas.
V.    Bailar asentao y pastueño.
VI.   Armonía de pies, brazos y cabeza.
VII.  Estética y plástica sin mistificaciones.
VIII. Estilo y Acento.
IX.    Bailar con indumentaria tradicional.
X.      Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos y sin otros accesorios.

Y claro, la pregunta, que estaba en el aire mientras se hacía la presentación, acabó por caer.  Creo que fue Pepe de Córdoba quien la hizo:

¿Y para cuando el decálogo para bailaoras?  

Vicente Escudero respondió que habría que esperar a que Carmen Morraya estuviera muerta o jubilada porque si no se ocuparía de romperlo aunque solo fuera por llevar la razón.

Y la respuesta de Carmen no tardaría en llegar algunos días después:

El decálogo del baile flamenco no sirve. Es un intento de que los bailaores disimulen que son maricones. Nada más.